INTERRUPCION DE LA CIRCULACION SANGUINEA (Sección 6)
Al igual que todos los tejidos vivos, la médula espinal requiere un aporte constante de sangre oxigenada. La irrigación de la médula espinal es muy rica, por lo que es muy raro que la circulación sanguínea llegue a ser insuficiente. Sin embargo, un tumor, una rotura de un disco intervertebral (hernia) u otras causas pueden, en casos excepcionales, comprimir los vasos arteriales o venosos y obstruir la circulación sanguínea. En contadas ocasiones, la aterosclerosis o un coágulo pueden causar una oclusión de los vasos sanguíneos. La parte superior del tórax es el área más vulnerable a la falta de irrigación sanguínea.

Síntomas
La oclusión de los vasos que irrigan la cara anterior de la médula espinal habitualmente ocasiona un dolor súbito en la espalda. El dolor está seguido de debilidad y de una pérdida de la sensibilidad (a la temperatura o al dolor) por debajo del nivel de la oclusión del vaso sanguíneo. Los síntomas son más intensos durante los primeros días y la recuperación puede resolverse parcialmente con el paso del tiempo. Si no resulta afectada la circulación del tracto posterior de la médula, es probable que estén preservadas las facultades controladas por esa parte, como la sensibilidad al tacto y a las vibraciones y el sentido de la posición (apreciación de la localización de las piernas y de los pies sin necesidad de mirar).

Diagnóstico y tratamiento
Para distinguir las posibles causas, el médico lleva a cabo una resonancia magnética o una melografía. Junto con la melografía, o en el caso de que la RM sea normal, el médico practicará una punción lumbar para comprobar la presión del líquido cefalorraquídeo y para detectar anormalidades en los valores de proteínas y de otras sustancias. El restablecimiento de la irrigación no será posible a menos que la compresión de los vasos sea consecuencia de una hernia discal y que ésta pueda repararse quirúrgicamente. Es probable que se consiga una recuperación parcial si la circulación se restablece rápidamente, pero, en cambio, la recuperación total es muy rara.

HEMATOMA ESPINAL (Sección 7)
Un hematoma espinal es consecuencia de una hemorragia alrededor de la médula espinal que la comprime.
Un hematoma puede ser consecuencia de una lesión en la espalda, de un vaso sanguíneo anormal (malformación arteriovenosa) o de la toma de anticoagulantes por tener tendencia a sangrar.

Síntomas
El hematoma suele causar dolor de aparición súbita seguido de debilidad y pérdida sensitiva por debajo del área medular afectada. Estos trastornos pueden evolucionar hacia una parálisis total en minutos u horas, aunque en algunas personas pueden desaparecer espontáneamente. En ocasiones, la sangre asciende hacia el cerebro, lo que produce alteraciones aún más graves; cuando ello sucede, es posible que se produzca el coma e incluso la muerte si el hematoma alcanza la parte superior de la médula espinal e interfiere con la función respiratoria.

Diagnóstico y tratamiento
El médico puede establecer un diagnóstico aproximado (de presunción) en función de los síntomas y generalmente lo confirma con una resonancia magnética (RM), aunque a veces utiliza una tomografía computadorizada (TC) o la melografía. La extracción inmediata de la sangre acumulada puede evitar una lesión permanente de la médula espinal. La malformación arteriovenosa puede a veces corregirse con el empleo de técnicas microquirúrgicas. En las personas que toman anticoagulantes o que tienen tendencia a las hemorragias, se administran fármacos para suprimir o reducir dicha tendencia.